lunes, 29 de agosto de 2011

Pequeño resumen de las primeras etapas de la Vuelta a España 2011


Pasado el síndrome de abstinencia postTour, salvado a base de vídeos de ciclismo clásico y lecturas de viejas guías de Ciclismo a Fondo (más la subida a las Lagunas de Neila en la Vuelta a Burgos, pequeño opiáceo de transición), volvemos a quehacer diario en la Vuelta Ciclista a España 2011. Yo no soy como mi amigo Víctor Guiu que disfruta del ciclismo como concepto. Soy más básico, tiene que haber algún ciclista al que seguir y la verdad que de esto adolece un poco la ronda española este año (Sastre está fuera de onda ya, Igor Antón no es que sea mucho de mi palo y poco más...), me había ilusionado con Purito Rodríguez y después de la subida a La Covatilla de ayer me dio un poco de bajón. Purito parece más para vueltas de una semana, como Cataluña, París-Niza o la Daphiné Liberé, tres semanas se hacen largas.

Por otro lado, estos finales unipuerto (o Unipublicpuerto como llaman en los foros especializados) a mí me gustan, los gallos tienen que aparecer, ir a por las bonificaciones (no sé si serán justas o injustas, pero dan color a la carrera) y a por las etapas. Eso a mí me gusta y mucho.

Pero lo dicho, ahora sin referencia clara, será más complicado atender al desarrollo de la Vuelta. A ver qué pasa hoy en la crono, pero temo que no habrá ningún español entre los diez primeros.

Resumen de las etapas:

Primera etapa (Benidorm): ¿os acordáis del Campeonato del Mundo del 92 en Benidorm? Bugno se llevó su segundo maillot arcoiris tras el segundo Tour de Indurain en un sprint amplio en el que se impuso a Jalabert con la elegancia que el gran Bugno siempre tenía. Miguel Indurain fue sexto y volviendo a ver los finales de los Campeonatos del Mundo uno se da cuenta de que Indurain tuvo mala suerte, que iba siempre a por ellos y le faltó sólo un poco de suerte. Cuento toda esta movida porque no vi la etapa...Jakob Fuglsang de líder.

Segunda etapa: Sprint masivo con segundas espadas entre los velocistas. Gana Sutton y un español, Vicente Reynes hace segundo.

Tercera etapa: Majestuoso Pablo Lastras, que vence con potencia y saber estar de veterano (casi como una canción de Loquillo). Por lo menos en esta Vuelta hay victorias españolas de etapa...
Cuarta etapa: Primer final en alto en Sierra Nevada. Mucho calor. Los gallos aguantan juntos y Dani Moreno, compañero de Purito, demuestra estar en buena forma y se aprovecha del marcaje de los jefes para apuntarse el triunfo parcial. Hace un calor, con perdón, de cojones... Purito se lleva el sprint de los mejores pero no bonifica, Daniel Martin, sobrino de Stephen Roche, avisa de su buen estado de forma.
Quinta etapa: Parece llana según el perfil, pero hay una batalla espectacular, el final en Valdepeñas parece el muro de la Flecha Valona, gana Purito fácil en una cuesta que es la del Parque Grande... me emociono.

Sexta etapa: El Liquigas devuelve la moneda. Cuatro escapados, de los que tres son del equipo italiano (incluido Nibali) y Pablo Lastras (que ataca una jornada sí, otra no) y al final es Sagan el que se lleva el triunfo.

Séptima etapa: Sprint masivo, con montonera en los últimos metros, todo el mundo tocado, se lo lleva Kittel y el gran campeón Óscar Freire hace tercero (se retira unos días después en busca de su canto de cisno: el cuarto mundial de ruta).

Octava etapa: El Final en San Lorenzo del Escorial es otro muro. Fantástico trabajo de Dani Moreno y el Katushka para que Purito remate y se lleve la segunda etapa. Parece que va fuerte muy fuerte. Igor ANtón aparece tras unas jornadas tristes en las que se descuelga como Lemond en el 93 con las primeras cuestas. Otro canto de cisne.

Novena etapa: Nos ponemos serios en la Covatilla. Los ataques se suceden y el viento que da en la cumbre es peor que los porcentajes. Purito está muy metido atrás en el grupo cabecero, eso SIEMPRE es mala señal. Atacan todos menos Purito que se acaba quedando, medio pájara. Dani Moreno salva los muebles para el líder. Wiggins, un pistard que me dejó con la boca abierta en la subida de Alpe D´Huez del 2008, el día de la gloria para Carlos Sastre, no se anda con tonterías y va a rematar a todos. No quiere la etapa. Victoria parcial para el sobrino de Roche -manía que les pillo a la familia franco-irlandesa- y los españoles reventados: Antón fuera de forma, Luisle Sánchez superado por las cuestas y aparecen Mikel Nieve, Padilla y Juanjo Cobo, aunque ninguno parece con la entidad suficiente como para llevarse la Vuelta. Me temo que no habrá ganador español en esta ronda.


Lectura de verano: No querían ganar (El Tour de 1983) de Jorge Nagore




















El Tour de 1983, el primero del ciclismo moderno, el que devolvió la emoción por el deporte de las dos ruedas al público español gracias a la irrupción de Delgado y Arroyo en la ronda francesa es analizado con estructura casi novelada por Jorge Nagore en su libro "No querían ganar".


El primer Tour de un gran campeón, Laurent Fignon, que parece encontrarse el triunfo un poco por casualidad (aunque viendo como machaca a Hinault y Lemond al año siguiente uno descubre que no es flor de un día), tras la caída de un líder bastante sólido como Pascal Simon, una ronda abierta donde los colombianos (asesorados por el gran campeón Luis Ocaña) dieron la primera de las muchas notas de color repartidas a lo largo de los años ochenta...era un Tour distinto, descabezado por la lesión del "Caimán" Hinault, al que su victoria ese año en la Vuelta había dejado realmente KO...

Un libro para puristas exigentes, aficionados a la anécdota y la estadística, en un tiempo donde las referencias y las imágenes están al alcance de todos en la red ,pero que sigue siendo un pequeño placer conocer cuántos segundos de bonificación obtenía Sean Kelly cada día.

Con la señal de Eurovisión y la realización de la televisión francesa, que en aquellos años era absolutamente delirante (aún recuerdo la subida al Alpe D´Huez del año 87 en la que se pegan casi media hora siguiendo a Fignon que estaba a quince minutos del primero, mientras atrás Delgado, con el maillot del PDM, trataba de llevarse su primer Tour frente a Roche).

martes, 26 de julio de 2011

Algunos pensamientos ciclistas a modo de punto y seguido

1. Los estúpidos que siguen acudiendo a las carreras como público en las etapas de montaña y a pesar de haber visto miles de veces a gente estúpida haciendo lo mismo que ellos y saber (porque los ciclistas lo demuestran) que molestan, siguen empujando, echando agua o poniéndose delante de los corredores como estúpidos. Por favor, basta ya.

2. Tras lo visto en este Tour 2011, la pareja Samuel Sánchez y Alberto Contador nos pueden dar muchas satisfacciones a los aficionados españoles. Y cuando Valverde vuelva, Freire recupere el golpe de pedal, Luisle seguirá brillando...Rojas, Ventoso, Nieve, El Purito Rodríguez. El ciclismo español tiene la mejor baraja de la historia del ciclismo.

3. El año que viene Alberto Contador disputará la Vuelta si todo va bien, eso unido a que poco a poco los ciclistas se dan cuenta que no se puede hacer Giro antes de Tour, que a los que fallen en Francia les toca venirse para tratar de salvar la temporada, etc... creo que hará que la ronda española se convierta en la segunda del mundo.

4. Yo creo que Contador podría ganar el Campeonato del Mundo de ciclismo este año aunque el recorrido sea para velocistas.

5. Que me hace mucha ilusión que la Vuelta ciclista a España vuelva a pasar por Euskadi. Primero por la normalización que eso supone y segundo porque si la afición vasca realmente es la mejor del mundo, ¿qué mejor que una gran vuelta pase por su territorio? No hablaremos de política hasta que ellos hablen de política.

6. El Tour de 1989 marcó a una generación. Más que ninguno, más que el de Perico o los de Indurain. Ese fue el año. Y fue un grandísimo Tour, acabo de ver la llegada a Superbagneres y he flipado.

7. ¿Qué fue de Jesús Blanco Villar?

8. Si Andy Shleck viene de cervezas a la Vuelta le pondrán garrafón.

9. Cuando vi llorar a Cadel Evans al finalizar la crono se me puso carne de gallina. Campeón.

10. Como me decía Sergio Serrano en un sms el día de la crono final: "Estoy escuchando a Óscar Pereiro en RNE y él tampoco le gustan los hermanos"

11. Carlos Sastre es muy grande, como lo era Fernando Escartín. Como nunca lo fue Abraham Olano.

12. Hinault y Fignon eran unos tipos voraces y elegantes. Hinault se partió la nariz esprintando por un décimo puesto en una etapa. Me estoy bajando vídeos de Fignon y me sigue emocionando (sobre todo en el final del Campeonato del Mundo de 1989 y en la Milán-San Remo de ese año)

13. Contador necesita equipo. Ves el Banesto de Indurain, con Delgado, Bernard, Gerard Rue, Abelardo Rondón y cía y entiendes también muchas cosas.

14. He aprendido de Víctor Guiu que el ciclismo hay que disfrutarlo entero, que no es un buffet libre: llano, montaña, sprint...clásicas y medias vueltas. Aunque si no gana Contador el año que viene me muero.

Gracias a todos. Vuelvo en unas semanas

Las últimas etapas del Tour de Francia 2011


¿Qué paso el viernes en Alpe d´huez? Que lo seguí con casi tanta intensidad como si hubiera estado frente al televisor. En el aeropuerto de Zaragoza, esperando un vuelo que se retrasaba y armado del móvil, intercambiando sms con dos auténticos fanáticos de la vieja escuela: Sergio Serrano, que sobrevivía en Menorca sin TDT pero con pasión radiofónica y el maestro Víctor Guiu, uno de esos tipos que saben y disfrutan de las dos ruedas. Y claro, mi padre, la persona con la que he llorado por la derrota de Perico en el 87, con la que escuché en la radio nocturna el falso positivo de Delgado en el 88, apreté los dientes junto a él cuando se quedaba en las cumbres del 90. También con él, con mi padre, me aburrí con Indurain (mentira, en Val Louron en el 91 y Hautacam en el 94 nos lo pasamos de coña, el problema es que Miguelón no peleaba las etapas en línea y eso nos cabreaba) y he vuelto a la magia de Salou, las medio siestas y el Tour de Francia. Lale Cubino que estás en los cielos. Mi padre estaba tan emocionado por la intentona de Contador que hasta me llamó por teléfono en cuanto bajé del avión para contarme la etapa con todo lujo de detalles. El sábado, lo admito, me compré el Marca. Gracias a los tres.

Ellos me contaban que Alberto Contador atacó en el Telegraphe a 90 kilómetros de rueda, que Andy Shleck perdió el Tour del 2011 por no darle ningún relevo y seguir agazapado, que los pillaron, primero el grandísimo Samuel Sánchez y después todos los favoritos y que al llegar a la montaña mágica, Alberto lo volvía a intentar, buscando la gloria de los campeones cuando no pueden llevarse la victoria: las etapas míticas. Una pena que Samuel Sánchez tuviera que saltar a por él en busca del maillot de los puntos rojos y al final el cansancio hiciera mella en el mito de Pinto y se viera sobrepasado por la revelación francesa Rolland. Hubiera sido un mal menor para una trayectoria irregular en este Tour, donde Alberto ha destacado en Alpe d´Huez, en la crono, en el Muro de Bretaña y en las etapas que llegaban y salían de Gap. Como hacían los campeones de verdad, sufriendo, a lo Hinault cuando no iba bien y saltaba en los descensos, en el llano, buscando la ventaja. Para mí fue suficiente.










Y al día siguiente, tumbado bajo el frescor del aire acondicionado de Benidorm, la última crono. Y Contador fue a por la victoria otra vez, está claro, pero le faltaba ese punto de pedal que se le ha visto otras veces, a pesar de quedar tercero, nunca pudo con Tony Martin y Cadel Evans. Pero demostró que en condiciones normales (sin tanto agotamiento por el Giro, sin las caídas), las cosas hubieran seguido siendo complicadas pero hubiera podido llevarse la carrera sin problemas. Y el Tour que se decidía, Andy Shleck, el nuevo Poulidor, traía una ventaja que no iba a ser suficiente. Todos sonreíamos un poco maliciosamente, yo aportaba (de nuevo en ese intercambio de sms que ha alimentado las horas importantes de la ronda francesa) la realidad: al tercer segundo puesto te regalan una pelota de playa. Y es que no acaba de caer bien Andy, que volvió a ser una lapa con Contador el día anterior y fue incapaz de aportar algo en el intento de fuga del español, que sí que es cierto que se lanzó a pecho descubierto en la etapa del Galibier, pero el resto de la ronda se le ha visto poco. Cadel Evans, que se llevó por medio tubular la etapa del Muro de Bretaña ganó en la subida al Galibier el Tour de Francia, tirando como un poseso en busca del luxemburgués y recuperando algo de la ventaja que llevaba el menor de los Shleck y que le permitió rematarlo en la crono.

Y al día siguiente en París, pues más de lo mismo y habitual, fotos y sprint. Aunque no conviene olvidar que en otros tiempos las cosas fueron muy distintas.

Un Tour agridulce, con dos victorias de etapa españolas, Samuel y Luisle, la clasificación de la montaña para Sánchez, la victoria del Movistar Rui Costa y el quinto puesto de Contador y el sexto de rojas. La confirmación de que Gilbert es un animal ciclista y muy elegante corredor, que a Rojas le robaron el maillot de la regularidad (porque readmitir a Cavendish llegando fuera de control es una trampa pura y dura de la organización) y que los Shleck, si no se lo toman en serio, van a acumular más segundos puestos que Popou (llevan cuatro en grandes vueltas). También destacar el pundonor de Thomas Voeckler, que además de aguantar de maravilla el amarillo muchas más jornadas de las esperadas, lo hizo en Europcar, después de haber recibido ofertas de equipos más poderosos, con la única intención de que sus compañeros no se quedaran sin trabajo. Chapeau para él. Y enhorabuena también a los dos noruegos del pelotón que se llevaron cuatro etapas así a lo tonto.


Aquí Víctor Guiu lo explica mucho mejor que yo.

Y ahora a descansar hasta la Vuelta.

viernes, 22 de julio de 2011

Un relato sobre Alpe d´Huez 1989: Un golpe de pedal de Óscar Forradellas




















Aquel fue un verano atípico. Después de un mes de junio aburridísimo, como de costumbre, animado sólo por los chapuzones en la piscina, ese año no me esperaban las horas de tedio de la siesta en el 'perche' de la casa de los abuelos, ni los revolcones con los chicos del pueblo, mucho más agrestes, ni las escapadas secretas a la caseta de los cartuchos, que podría habérsenos venido abajo encima, como comentarían los adultos de la familia cuando se enteraron del secreto. Por primera y última vez, aquel mes de julio lo pasamos en la playa, toda la familia, de vacaciones.

Tras el tormento en la carretera, llegamos a un hotelito modesto en segunda línea de playa, en Salou. Por aquel entonces no se registraban las masificaciones de hoy durante toda la temporada y aún no estaba completo, a expensas de la llegada del mes turístico por excelencia, agosto. Había sí ya algunos extranjeros, sobre todo alemanes, que tenían copada la piscina y el buffet libre, que hacía las delicias de mi padre, comedor insaciable. En las fotos -todavía las reviso, por lo bizarro de la ocasión- aparece sorprendentemente delgado. Él, de natural fornido, lucía saludablemente delgado para un hombre de unos cuarenta años, y más para uno que había rebasado los límites del sobrepeso sin ningún pudor. Para colmo, se había afeitado el bigote.

Los días eran largos como sólo lo son para los niños sin colegio, llenos de aventuras. Al poco de nuestra llegada, coincidí con uno de los vástagos de aquellos teutones en la sala de juego y, rápidamente, rebasamos la barrera del idioma para compartir nuestras incursiones en la playa, las idas y venidas a las rocas, la pesca de mosluscos que exhibíamos orgullosos como trofeo. Probé también la dureza del carácter alemán, infiltrado en uno de los dos equipos de waterpolo que se disputaban reñidos partidos en la piscina al caer la tarde. Sin consideración alguna, aquellas torres rubias me sumergían de cuando en cuando para demostrar su marcial imparcialidad.

Mientras, mis progenitores y mi hermana alternaban idas y venidas a la playa con garbeos por el paseo marítimo, del que traían algún souvenir en forma de raquetas de playa, chanclas de tira ancha o camisetas de vivos colores. Mi pequeña deserción, lejos de causar problemas, hacía que los momentos de reencuentro fueran completamente gozosos, con el relato de las últimas bravuras y alguna indicación prudente: ponte crema, toma, dile a ese chico que le invitas a un helado, que no somos rácanos, y cosas así.

Pero al menos un momento al día, mi padre y yo nos reuníamos de nuevo en el salón de estar del hotel, con su televisión, agazapados a la espera de que pasara la cortinilla final del telediario y que la pantalla se llenara de verde y gris, de carne y acero, de un gentío agolpado en las cunetas azuzando a aquellos héroes del pedal. El año anterior, Perico había ganado el tour por primera vez y la afición al ciclismo había rebrotado en España tras la década de sequía que había dejado Ocaña. Sin embargo, la mayoría de alemanes nos dejaban a mí padre y a mí junto a un exiguo grupo de compatriotas fervorosos, animando al segoviano, que había cometido un par de cagadas al inicio de la carrera imperdonables. “Si ya podría ir ganando, es un cabeza rota”, gritaba mi padre enardecido entre gestos de asentimiento, para mi sorpresa, temeroso de sus andanadas.

Yo me había perdido aquella hazaña del año anterior, absorto en la dinámica inexpugnable del pueblo. Pero entonces no estaba dispuesto a dejarlo pasar. Hacía meses que miraba con ansia aquella BH roja que había entrado en casa y que era culpable en parte del figurín que lucía mi padre, pero todavía no llegaba a los pedales. La carrera alcanzó el tramo decisivo con la criba hecha. Lemond, Fignon y Perico se la jugaban en las 21 curvas de Alpe D'Huez. Papá evocaba los “latigazos” del nuestro en los momentos decisivos, a la espera de uno de esos rayos fulminantes que cegaban a sus competidores, dejándolos clavados como estacas. Pero primero atacó el francés. “Se va, se va, joder sí se va...”, escuchaba gritar por encima de mi cabeza, pero no sentía la desesperación de otras veces en la voz. Aquello no estaba perdido.

El americano, por su parte, “no iba”. Era lo que decían el resto de especialistas al ver al maillot amarillo (mucho más áureo que ahora) intentar seguir al rubio, que marcaba cada golpe de pedal con los riñones, como si pusiera tachuelas con cada pierna y las revisara con aquellas gafitas puestas. “Ahí va, ahí va”, tronó mi padre de repente al tiempo que saltaba Perico, encrespado encima de los pedales, dejando al americano sufrir solo en pos de la meta. Y todo eran vengas y vamos y dale, que es tuyo, el gabacho ese que, ojo, no va mal, el muy franchute. Al final entraron juntos los dos con unos segundos sobre Lemond, entre ayes y uyes.

Todo quedaba aún abierto, la última carta se jugaba, ay, al día siguiente en una contrarreloj. Ese mismo día regresábamos a casa, consumido ya el mayor derroche familiar que todavía se recuerda. Los segundos fueron cayendo como losas en el viaje de vuelta con el silencio y la radio de fondo: Fignon no alcanzaba a Lemond por los pelos, y Perico se quedaba sin ganar, todo por su mala cabeza, como se lamentaba el conductor en una mezcla de tristeza y calamidad que nos hundía aún más en los asientos. Aquella sería la última oportunidad de Perico, el último año que tuvo posibilidades reales de conquistar la ronda gala para su legión de incondicionales. Nunca volvimos a ir de vacaciones.

jueves, 21 de julio de 2011

mañana en Alpe d´Huez

Veremos un poco de batalla extra y quizá, si se recupera un poco, vaya Alberto a por la etapa. En la línea de meta ha quedado claro que estaba dolorido otra vez. Bueno, no sucede nada, este año a por el Campeonato del Mundo y el año próximo, a ver si tiene un poco de mejor equipo y planificación. Mañana un servidor se marcha al Low Cost a Benidorm, el lunes volveré a actualizar y descansaremos hasta el comienzo de la Vuelta a España.

Etapa 18: Andy y punto


Volviendo a ver el ataque en el Izoard de Andy Shleck, nunca sabremos si Evans o Contador hubieran ido a por él las cosas hubieran cambiado. Pero no han saltado a por él y hemos visto un ataque épico, 60 kilómetros, sin descanso, en el que por primera vez hemos visto al menor de los hermanos luxemburgueses brillar y ganar como un campeón. En el llano, cuando pensaba que iban a recuperar no ha habido manera, incluso se ha aumentado la ventaja a más de cuatro minutos en algún momento, dejando claro que iba fuerte. En un momento de la última ascensión incluso Alberto se ha puesto a tirar, pero cuando se ha abierto y hemos visto que se echaba para atrás me ha hecho temer lo peor. Evans, el canguro, ha sacado la cara por una vez y ha reducido a menos de tres minutos la ventaja y sigue aspirando a la victoria final. En un momento dado y cuando, por enésima vez Perico volvía a decir que era el momento de Contador para rematar, el de Pinto se ha quedado. El globo se ha desinflado. Al final victoria de Andy, su hermano detrás y Voeckler aguantando por unos segundos el amarillo. Ahora la cosa está entre Evans y Andy Shleck. Mañana Alpe d´Huez y mi única apuesta del Tour: Contador, si recupera, tendría que ir a por la etapa, aunque sea para brillar. El año que viene, sin caídas y sin Giro, volveremos a ver batalla.